Todas las muertes bajo una misma sombra (André Lovedy)

Todas las muertes bajo una misma sombra (André Lovedy)

Titulo del libro: Todas las muertes bajo una misma sombra (André Lovedy)

Número de páginas: 133 páginas

Fecha de lanzamiento: August 17, 2015

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Todas las muertes bajo una misma sombra (André Lovedy)

Un amplio silencio ofuscó las carcajadas que hasta ese punto habían compartido. A la mente del hombre vinieron un sinnúmero de temores, de anhelos, todos enterrados en el ayer de los días pasados junto a Rubí.
El aroma de su piel, la voz suave, la variación de tinte en su cabello, la serie de lunares que aparecían sobre la piel blanca, el vestido de graduación color fucsia, las promesas; algunas rotas, otras inconclusas, pero la mayoría en pie de guerra; las fotografías, el bote de proteína donde guardó objetos para que fuera una máquina del tiempo enterrada en lindes lejanos, las frases en cartas y recados, los barandales negros de su hogar, su cuerpo de cintura pequeña con pechos voluptuosos, la hora en que su madre le llamaba a ingresar en casa, las veces que bajo la lluvia la poseyó, el color ambarino de su mirar, esas ocasiones en que la amaba con locura, la locura con que se atrevió a desnudarla, ser la primera mujer que amó, los sitios públicos en que lo realizó, el disco de Zurdok que colocaba en el estéreo de su alcoba para atenuar los ruidos sobre el colchón, la caricia que ella efectuó con las puntas de sus dedos sobre su rostro rasurado el día después de Navidad, esa llamada telefónica donde ella contestó y su boca estaba ocupada durante las pausas, la invitación a quedarse en casa de su abuela, el amanecer que presenciaron en un taxi, la fiesta de quince años donde ella jugó con las manos bajo la mesa, Galleta, la biblioteca, su gusto por el tacto de la almohada, las veces que la maestra de inglés hizo posible que se trataran y fueran equipo de dos por diez ocasiones, los lonches que le preparó para el trabajo, la silla de la Universidad que quería robar para usarla de un modo secreto, el verse juntos al desnudo sobre el espejo, abrazarla, besarla, labios inolvidables, haberse levantado de la mesa para ir con ella a la pista durante la graduación al verla sola mirando a todos lados cuando los padres fueron a bailar con sus hijas mientras su padre estaba con la otra familia en Guadalajara, el medicamento a base de miel y propóleo que su madre le dio al oírlo toser en la banqueta, las veces que caminó tres kilómetros de un hogar al otro pensando que valió la pena, las conversaciones afuera de su casa hasta entrada la noche, cuando la topó en el autobús, Nico, la casa de Infonavit que su madre tenía donde se citaron una noche y que ella llevó toronjas y cobija, sus niñerías, las películas, el collar alrededor de su cintura, los cines en donde una mirada anónima presenciaba su arrojo, las llamadas telefónicas y los mensajes al celular, el recordar su número de memoria y que éste fuera la fecha de nacimiento de él, tornasol, el significado del código, el relicario de oro blanco que le regaló al graduarse luego de guardar el dinero de dos quincenas, las lágrimas que derramó durante su graduación al bailar con ella, los regalos que se efectuaron que incluyeron celular y casa de campaña y discos compactos, la afrenta de honor que un familiar hizo ante ella de la que la defendió, Sarah Mclachlan, Weezer, EL LUGAR, pero sobre todo saber que aquello era una parte adherida a sus palabras hirientes, el oscuro pensar que lo invadía, sus contradicciones, los cuarenta kilómetros que caminó por carretera para alejarse de ella e iniciar una nueva vida, el retraso crónico de hasta hora y media, la intranquilidad anímica que pasó fumando en el patio para distraerse del sentir, el numerar los hombres a quienes les abría la puerta de su tiempo, los secretos, las deducciones obvias de las que destacó que había probado drogas duras, su: Eres muy perspicaz, el suceso del concierto de Café Tacvba, los llantos silentes, el saber que madre estaba al tanto… Nada de ello diría el hombre, pero lo sabía.